Elegir mal a quien te hace la web cuesta plata y meses de frustración. Estas 7 preguntas te salvan de la mayoría de los problemas. Hacéselas a cualquiera que te presupueste (incluidos nosotros).
No aceptes promesas: pedí links navegables. Si no tiene nada para mostrar, es una apuesta a ciegas.
Diseño, carga de contenido, publicación, revisiones… todo por escrito. Los "eso es aparte" a mitad de camino son la estafa más común del rubro.
Respuesta correcta: sí, siempre. Si el dominio queda a nombre del proveedor, quedás rehén: si te peleás, perdés tu dirección web.
Un plazo serio se cuenta desde que entregás seña y materiales, y se dice en días, no en "ya casi está".
¿Hay garantía? ¿Hay mantenimiento? ¿Quién hace los cambios y cuánto cuestan? La web se entrega un día, pero vive años.
Lo estándar y sano: una seña para arrancar y el saldo contra entrega, con factura. Desconfiá del 100% adelantado.
Código, contenido y dominio deben ser tuyos al pagar el total. Si te "alquilan" la web para siempre, el barato termina saliendo carísimo.
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